domingo, 29 de abril de 2012

El "Proteccionismo Liberal" necesario




Soy padre de familia, como muchos de mis lectores. Y como la mayoría de ustedes, sufro directamente en mis carnes y en las de los míos el dolor de una crisis que está causando efectos devastadores y una sangría sin precedentes en nuestra credibilidad como país, en nuestros proyectos personales a medio plazo y en los principios de construcción interna e internacional por los que tanto tiempo llevamos luchando.

Durante esos adorables “noventa burbujeros” mi familia, como casi todas, consumía más de lo que sería relativamente recomendable: seguros privados, ropa de marca, buen coche, buen piso (por supuesto en propiedad… del Banco, pero “regalado”), restaurante todos los fines de semana, vacaciones… todo a bajo coste, e incluso con esas facilidades de financiación que me permitían ahorrar por una parte, y pagar mis créditos con solvencia por otra.

2008: La crisis llegó, y con ella los recortes (sí, esos que sólo 4 años después empezaron a ser aplicados por “papá Estado” tras el duro despertar de la fantasía de Alicia en el País de la Champions de nuestro Gobierno precedente). Al principio no me lo creía, pero la realidad se impuso sin prisa pero sin pausa, inexorablemente. Hoy Mi hija está en un colegio público y mi familia no disfruta de la posibilidad de elegir entre sanidad pública o privada; nos vestimos en el imperio Inditex o en las grandes superficies, el coche pasó a mejor propietario, la vida social se reduce a invitar a los amigos a cenar una tortilla en casa, y las últimas vacaciones ya no las recuerdo. Trabajo en el extranjero y separado de mi familia. Mi único crédito vivo es el estrictamente necesario, el hipotecario, y lo del ahorro…  intento al menos mantener esa sana costumbre aunque de manera simbólica.

Mi realidad es que para remontar este escenario, he tenido que tomar decisiones. Y las decisiones pasan inicialmente por eliminar lo superfluo, y posteriormente por renunciar temporalmente a la mínima calidad de vida. En mi caso, vivir con los míos.

La diferencia entre el núcleo familiar y la gran familia que es el Estado estriba en que ni mi mujer e hija, ni mis padres y hermanas, ni nadie de mi entorno cercano optaríamos por salir a la calle a gritar con el pretendido argumento de que no queremos ser obligados a apretarnos el cinturón (ni siquiera temporalmente); entre mantener un nivel de vida o bienestar, como queramos llamarlo, por encima de nuestras posibilidades y tomar decisiones restrictivas, temporales y dolorosas, la segunda opción en estos momentos se presenta unánimemente incontestable; la primera irresponsable. La sombra del populismo y la manipulación una vez más, por desgracia, es alargada.

España gasta más de lo que ingresa. Esa es la realidad. Y lo lleva haciendo mucho más tiempo del necesario. Cada vez somos menos creíbles y nos financiamos más y más caro. Ya pedimos préstamos para pagar intereses de deuda. Imagínense ustedes pidiendo préstamos para pagar parte de los intereses que a su vez deben pagar por un préstamo que pidieron para irse de vacaciones. Ridículo, ¿verdad?

Así que, pese a quien pese, al menos durante un tiempo, debemos bajar nuestro nivel de vida. El superfluo, el institucional e incluso el que durante tanto tiempo hemos considerado básico. Ya está más que demostrado que ni las ayudas exteriores ni la financiación internacional o el BCE nos ayudarán a crecer sino que la pendiente hacia el abismo será más y más pronunciada. Así que debemos promover las condiciones para volver a ser competitivos. Y para ser competitivos, antes que invertir hay que recuperar la autonomía para invertir. Eso se hace a base de medidas internas, transitorias, y dolorosas.

No me cabe ninguna duda de que ese es el principio básico de nuestros gobernantes. Nuestros modelos no deben ser ni (como dijo en una de sus auténticas perlas nuestro ex Presidente J.L.Rodríguez Zapatero) Japón, ese gigante de los 80 venido a menos en los noventa con una población envejecida y un estancamiento económico fruto de una deuda externa creciente, ni EEUU, que ya no tiene la preponderancia de hiperpotencia económica, militar y soñadora de los 90, consecuencia igualmente de una deuda externa creciente e insostenible, ni siquiera, la actual UE, ese monstruo institucional construido a base de parches, acuerdos parciales, falta de dirección política única, y gigante con pies de barro convertida en torre de babel.

Cristóbal Montoro ha sido meridianamente claro en su planteamiento durante su intervención en el 15 congreso del PP en La Rioja: “la reducción del déficit no nos la tiene que imponer nadie, somos un Gobierno comprometido con el equilibrio y con la estabilidad presupuestaria". Una vez se reduzca el déficit a base de estas medidas no programáticas sino transitorias, se generarán las condiciones para invertir en competitividad, servicios públicos y empleo.

Los efectos perversos de la globalización han llegado. Y nos han pillado desprevenidos en la segunda mitad de la primera década del nuevo siglo, por falta de Gobiernos preparados, y por comodidad. Otros gigantes despiertan gracias a ella, y los clásicos (Japón, EEUU, o la UE son valores a la baja). Debemos continuar en la senda del proyecto europeo, pero para ello es necesario atravesar un camino de “Proteccionismo Liberal”. ¿A alguien le queda la menor duda de que como no nos salvemos nosotros no nos salva nadie?

Fernando Medina

6 comentarios:

  1. estupendo diagnóstico, muy bien argumentado y escrito, de lo personal a lo general.Enhorabuena
    saludos blogueros

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    1. Un abrazo, José Antonio, y muchas gracias

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  3. Me gusta tu abstracción de lo personal a lo Estatal, pero hay algunas cosas que no comparto, ¿por qué los ciudadanos hemos de recibir recortes en servicios básicos mientras la endogamia política gana el sueldo mínimo de al menos 3 personas? Se supone que nosotros los elegimos a ellos, y que su deber es actuar por el bien de sus ciudadanos. Proyectos faraónicos producto de la burbuja que tu mencionas han de tener un responsable, y eso no se ha aclarado. Tu no puedes pagar tu casa y te la embarga el banco, el político listo que montó el negocio para colocar a sus "socios" a costa de la ruina de las arcas públicas sale indemne...

    Llevas razón en que todos hemos de tomar conciencia de recortar, pero no somos "tontos", porque así es como nos hace sentir esta decrépita clase política.

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